AMAR ES UN ARTE
AMAR ES UN ARTE
Erich Fromm allá por 1959 decía que el amor es un arte y que como buen arte que se precie, requiere esfuerzo, disciplina, tiempo… y no sólo placer. Él escribía que el problema del amor consiste en ser amado, encontrar esa pareja que me entienda, me ayude… (añadamos la lista de deseos a los Reyes Magos) y no en amar. Cuando uno desea ser amado, trabaja para ser digno de ello: tiene mucho poder o éxito o busca ser muy atractivo. Trabajas duro en ti, creas las oportunidades y esperas que el “amor” te reconozca por tu valía. Aquí es donde surge el problema. Así entendido, el amor se vive como un objeto mientras que amar es una facultad que vamos entrenando con el tiempo. Al amor lo llenamos de exigencias sobre la pareja (los hijos, la familia…), mientras que amar es reconocer al otro y reconocerte a ti mismo en tu vulnerabilidad y no sólo en tu éxito.
Hollywood nos ha hecho soñar muchas veces con “perfectas” relaciones, que terminan en momentos bellísimos y que, sin embargo, son de cartón piedra. Nos quedamos prendados del enamoramiento y cuando las cosas se tuercen (porque todos somos humanos, que no perfectos), podemos pensar que nos hemos equivocado y que habrá alguien allí esperando a descubrirnos. Lo importante por tanto no es enamorarse, que las hormonas ya se encargan, sino mantener dicho enamoramiento que sólo se logra aprendiendo a amar (y no sólo porque la otra persona cambie como a ti te gustaría).

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